viernes, octubre 06, 2006

La criatura más bella


A pesar de ser una niña bastante aplicada y disciplinada, Alicia decidió que aquella tarde no haría los deberes. Sus ojos estaban posados sobre el cuaderno blanco, ausentes, mientras dejaba caer sobre él, como la hoja muerta de un álamo, una gruesa lágrima en la que la chiquilla veía reflejada las obscenas risas de sus compañeros. No entendía qué había de malo en esforzarse, en tener curiosidad por la vida, deseo de aprender. No entendía qué estaba incorrecto en querer construir desde sus nueve años el largo camino para cumplir su sueño de ser una prestigiosa científica, creadora de miles de inventos para ayudar a la humanidad. Pero todo eso la convertía en una paria ante sus compañeros de clase.

Cuando llegó su padre, la encontró jugando con sus muñecas y desatendiendo sus tareas estudiantiles, lo cual, lejos de enfadarlo, le entristeció muchísimo. Alicia no dejaba de estudiar porque sí. Y cuando advirtió los restos de lágrimas en los dulces ojos y en las largas pestañas de su hija, comprendió.

Después de darle un tierno beso en la mejilla, el señor Maestro la sentó sobre sus rodillas, como solía hacer cada tarde al regresar a casa, para regalarle toda la atención que no podía prestarle el resto del día.
—¿No haces los deberes, tesoro? —le preguntó con su musical voz, que recordaba al sonido de un arpa.
—No.
—¿Y por qué no?
—Porque los deberes sólo son para los empollones.
—¿Quién dice eso?
—Los de clase.
—Los de clase son tontos. Tienen envidia porque ellos no podrán ser nunca una inventora tan lista.
—Dicen que quiero serlo porque así seré rica, y siendo rica es la única manera en que los chicos me quieran.
El rostro del señor Maestro se ensombreció de indignación al oír la crueldad que relataba su hija entre sollozos. Después se levantó diciendo que iba a por un pañuelo, al mismo tiempo que pedía a Alicia que no llorara más. Pero ella no podía, estaba harta de los navajazos de sus compañeros contra las alas que despuntaban en sus espaldas, ansiosas por emprender el vuelo.

Cuando su padre llegó, no traía un pañuelo. Tenía las manos cerradas, palma sobre palma, escondiendo algo de pequeñas dimensiones. Una sonrisa enigmática cruzaba su rostro, al mismo tiempo que en sus ojos brillaba un destello especial.
—¿Qué tienes ahí? —preguntó Alicia, desplegando sus encantadores ojos.
—Acabo de atrapar a la criatura más bella que he visto nunca.
—¡Un ángel! ¿Puedo verlo?
—No —respondió su padre con una mueca traviesa—; sólo si dejas de jugar y haces los deberes.
El privilegio de poder ver a un ángel era bastante para Alicia como para olvidar a sus huecos compañeros de clase y dedicarse a esos ejercicios de matemáticas y ciencias naturales que, lejos de aburrirla, le divertían. Pero esta vez tenía el aliciente de ver aquello que su padre ocultaba entre las manos, y a lo que de vez en cuando éste dedicaba una mirada ilusionada y fascinada. Aquello daba alas a su inteligencia, a su habilidad y a su tenacidad, y Alicia acabó los deberes antes que de costumbre.
—Ya está, papi —dijo la niña, alargándole el cuaderno con una sonrisa serena y llena de expectación.

Jesús Maestro guardó con cuidado detrás de la espalda la criatura que escondía, revisó el cuadernillo minuciosamente, sonriendo satisfecho y orgulloso de tener a una hija tan lista y aplicada. Esbozando una gozosa sonrisa, dejó la libreta sobre la mesa y volvió a coger la promesa entre sus manos, con el mismo aire misterioso de antes.
—Bien, mi niña, tú has cumplido tu parte del trato y yo cumpliré la mía. Has de considerarte privilegiada, ya que no todo el mundo va a contemplar lo que verás tú ahora. De hecho, yo me siento afortunado por haberla encontrado, y también por poder compartir esta maravilla contigo.
Y sin más preámbulos, el padre de Alicia abrió pausadamente las manos, dejando que su hija contemplara lo que él consideraba la criatura más hermosa de todas. A medida que la iba viendo, los ojos de la niña se iban agrandando más y más mientras que la boca expulsaba una suave exclamación de sorpresa, rictus que ella pudo observar en el espejito que su padre le iba mostrando con la misma emoción que ella lo descubría.

Mun, the Beautiful Doll

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

5 recogieron sus pétalos:

Joan González dijo...

bon escrit, tens la rosa al meu blog

salut. Joan

de cenizas dijo...

¡Muy bueno! como escrito y como idea.... felicidades¡

besos

Pati dijo...

Alicia, Patricia... hubo una niña que quería ser científica. Al final lo dejó todo y saltó al vacío. Era el único sitio donde sus alas podían desplegarse completamente.

Tristana's leg dijo...

Actualmente, Alicia se ha establecido en el río de la plata, en los confines de las llanuras de marfil, para continuar investigando el comportamiento del elfo salvaje y la energía blanca que emana de ellos cuando usan la esencia de unicornio para crear sueños infantiles.Todo a raíz de la inspección que realizó aquel día al hada de su papá.
En cuanto a los compañeros de su clase... bueno, digamos que les cayó encima una boñiga de elefante con diarrea y a raíz de semejante trauma ahora se dedican a corregir las faltas de ortografía de Dan Brown y a redactar artículos de la MAXIM a tiempo parcial. Con la mierda de sueldo que les pagan no llegan a fin de mes, con lo cual se ven obligados a mamársela de vez en cuando a Carmen de Mairena y a hacer montajes del corazón con Pipi Estrada.
Al final, la justicia prevalece :P

Ailën dijo...

Creo que esta historia es la que más me gusta de todas...ya la leí hace tiempo y tembién me encantó...
Al fin y al cabo...también me he sentido como la pequeña Alicia.
Hermosísimo.
Besitos emotivos,
Ailën, la niña abandonada en las nieves