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Mientras, en la inexpugnable fortaleza de Lord Dragón, un mensajero esperaba en la sala del trono en la misma posición que un corredor de 100 metros lisos atento al pistoletazo de salida. Lord Dragón, a medio vestir, salió a recibirle.
–¿Qué sucede? –inquirió con una voz que pretendía resultar imponente.
El mensajero, que no se atrevía a levantar la mirada del suelo, tragó saliva antes de responder.
–Milord… Desde las afueras de vuestra fortaleza se oyen los gritos de la princesa Melocotona… Se me hiela la sangre pensando en las torturas a las que la estaréis sometiendo.
En los aposentos de Lord Dragón alguien estaba sufriendo una tortura, pero no era la princesa. De todos modos, el villano decidió disimular en pro de su orgullo de hombre maléfico:
–Sí, em… Le estaba… uh… dando latigazos… Pero, ¿qué es lo que sucede, mensajero?
–Nebuloso ha conseguir derrotar a todos tus secuaces hasta ahora.
–¿Cómo es posible? ¡Si es un crío! ¡Les pedí a los creadores que el bueno tenía que ser un crío!
–Pero es que, mi señor, utiliza una táctica muy eficaz: la sola visión de la amazona que va con él anula toda capacidad de combate a cualquier guerrero… aunque todavía tengo que ver si es un hechizo del mago…
Lord Dragón escuchaba mientras caminaba de un lado a otro de la sala, con la mano en el mentón. Finalmente, se le iluminó un signo de admiración encima de la cabeza y le susurró al mensajero una posible solución. El secuaz salió escopeteado de la sala, dispuesto a cumplir con su nueva misión. Antes de cruzar la puerta, recibió otra más:
–Y de paso, búscame a un buen estilista de villanos, que necesito un par de consejos para aumentar mi popularidad.
Nada más desaparecer el mensajero, una voz ansiosa y chillona se elevó desde los aposentos:
–¡CARIÑOOOO! ¡ESTÁS TARDANDO MUCHOOOOOOO!
Lord Dragón, un ateo convencido, se santiguó por primera vez en su vida.
Kakos condujo a nuestros amigos a una pequeña casa situada en la parte más alta del pueblo. En el interior, sentado en una amplia alfombra, se encontraba un anciano decrépito que jamás había conocido a un barbero. Tenía los ojos escondidos tras dos bolsas de carne, y Nebuloso tenía la impresión de que si se movía, se rompería.
–¡Hola, abuelo Sabi Hondo! –saludó el ladrón– ¡Te presento a mis nuevos amigos!
–Oye, menos confianzas –le advirtió Tifona.
El anciano devolvió el saludo con un gruñido. Con la vara de madera que sujetaba, les señaló la alfombra para que se sentaran con él. Los jóvenes aceptaron la invitación. El viejo tosió como si acabara de fumarse una tabacalera entera, y entonces Kakos hizo las presentaciones:
–Mira, abuelo Sabi Hondo, te presento a mis amigos: el del pelo lila es Borrón, ella es Tifona y el rubio es Nebuloso, el hijo del ilustrísimo guerrero Nubarrón.
Sólo faltó ese último detalle para que Sabi Hondo ignorara completamente a la amazona y al mago y se centrara en nuestro héroe.
–Tu padre fue un gran guerrero, Nebuloso –le dijo–. Nos ha salvado en infinidad de ocasiones. Se enfrentó mil veces a Lord Dragón para rescatar a la princesa Melocotona y era tan valiente que era capaz de enfrentarse al gran… al gran… –meditó antes de decirlo para darle mayor dramatismo– Hombre de la Capa Negra.
El Hombre de la Capa Negra era el villano al que todos los villanos de videojuegos adoraban, porque era la perfecta combinación de maldad, carisma y poder. Pero no diremos su nombre real aquí, porque pertenecía a un videojuego de la competencia y me arriesgaría a una acusación de plagio.
–¿Usted conoció a mi padre? –preguntó nuestro héroe al anciano.
–Claro, Nebuloso, todo el mundo le conocía. En los exámenes de acceso a la universidad había una pregunta sobre sus gestas. Tu padre ha visitado todo el mapamundi ayudándonos a enfrentar el mal a cambio de nada, como una ONG… Pero su afán de retos le perdió…
A continuación, llegó una pausa dramática, que Nebuloso interrumpió con un simple “¿y qué pasó?”
–Se enfrentó al Hombre de la Capa Negra… Y no le volvimos a ver.
Una lágrima se escurría por debajo de una bolsa de carne. Tras un silencio meditativo, Kakos retomó la conversación:
–Abuelo Sabi Hondo, hemos venido hasta aquí porque eras muy amigo de Nubarrón y él seguramente te contó sus batallitas con Lord Dragón, sus puntos débiles…
Un minuto antes de responder con un fruncido de cejas:
–Hace mucho tiempo de eso… Me acuerdo que me contó algo de que Lord Dragón tenía una casa al sur del mapa… ¿o era al norte?... Aunque no sé si me dijo que era exactamente el nordeste…
–Genial –opinó Tifona.
–¿Uh? ¿Alguien ha dicho algo? –se sobresaltó el anciano, mirando a todos los lados.
–Déjalo, Tifona, ahora es el momento de Nebuloso… Él es el héroe. En cambio, tú y yo…
La amazona chasqueó la lengua con fastidio, y decidió salir a tomar el aire. Borrón no soportaba la idea de separarse de su amigo, pero acabó acompañándola. Se sentían tan marginados como el batería y el bajista de un grupo musical en una rueda de prensa. En fin, era lo que tenía no ser el cabeza de un grupo de rol.
–Pero sí recuerdo –prosiguió Sabi Hondo– que dentro de su gran palacio había unas mazmorras subterráneas en forma de laberinto, custodiadas por los seres más horripilantes del Averno… Las diseñó el Hombre de la Capa Negra para todos los malos del mundo videojuegueril… Y necesitaréis buenas armas y armaduras, sobre todo cuando os enfrentéis a Lord Dragón, con el que haréis dos combates.
–¿Dos combates? –preguntó Nebuloso acongojado.
–Sí, hijo del noble Nubarrón… Dos combates son necesarios para derrotar a Lord Dragón del todo. Tenéis que saber que como todo buen malo, y perdón por la paradoja, tiene una forma humana y otra sobrehumana: cuando se encuentre casi derrotado, se transformará en una criatura más fuerte y poderosa, como un Pokémon o un Digimon.
–¿Y… qué clase de criatura?
–Eso no me lo dijo tu padre, hijo del gran Nubarrón, pero sí recuerdo que tras cada combate salía deslumbrado…
–¿Y cuál es la mejor estrategia para vencerle?
De nuevo, se hizo el silencio. Sabi Hondo tenía la memoria que una consola de primera generación podía ofrecerle.
–Has de subir de nivel matando monstruos muy poderosos –dijo, finalmente.
Nebuloso se sintió indignado. Había necesitado una decena de combates para llegar al nivel 4 en el que se encontraba. Había comprobado que los encuentros inesperados con los enemigos eran una molestia más desagradable que un dolor en la espalda a medianoche. Y nuestro pobre amigo no se quería ni imaginar con cuántos monstruos tendría que luchar antes de ser un digno rival de Lord Dragó. “Más le vale a la princesa Melocotona ser más guapa que Tifona”, pensó.
–¿Y no conoce a alguien que fuera muy amigo de mi padre? –inquirió nuestro héroe con una débil esperanza.
Como respuesta, otro silencio. Y éste se alargó más de lo normal. Tanto, que Nebuloso y Kakos pensaron que había una especie de bug que les impediría seguir y empezaron a sudar más que si su madre estuvieran limpiando el cajón donde guardan sus “revistas secretas”. Entonces, Sabi Hondo se dejó caer a un lado, en la misma postura en la que estaba sentado.
–¡Horror! –se alarmó Kakos mientras iba hacia él.
–¿Se ha muerto?
–Tenía ya ciento once años, y ha pasado toda su vida aquí sentado aconsejado a protagonistas de videojuegos de rol, normal que se haya anquilosado… o algo peor, ¡Borrón, ven aquí!
–Sí, claro, ahora sí que me necesitáis –se quejó el joven mago desde el portal.
Aun así, entró y lanzó una Cura al pobre anciano, pero no resultó. Un mago de nivel 3 no puede usar Resurrección. Y de, hecho, aunque fuera nivel 99 no podría usarlo con un PNJ, por mucho que les pudiera ayudar. Incluso, en alguna ocasión, era difícil que funcionara con algún compañero del grupo.
Tras el fracaso de Borrón, los muchachos se encontraron fuera de la casa de Sabi Hondo. Kakos lloraba desconsoladamente, mientras que los demás, violentados, no sabían cómo reaccionar.
–Se ha muerto y ya no volverá. Ya no tendremos que aguantar sus sermones cargados de mil puntos de experiencia, ni podrá ayudar a los protagonistas de la saga a encontrar a Lord Dragón, ni…
Borrón finalmente se decidió a apoyar una mano en el hombro del ladrón e intentar consolarle:
–Lo sentimos mucho, Kakos, sabemos que le querías mucho y que este un Momento Dramático Obligado, pero piensa que esto es el ciclo de la vida y que ahora te aguardan muchas aventuras con nosotros…
–¿Y a mí qué? Sabi Hondo ya no me hará galletitas los domingos.
–…y también encontraremos muchos tesoros, y serás muy famoso entre los cosplayers y las fangirls…
Las lágrimas del ladrón se secaron tan rápido como una cantimplora en un desierto. Una sonrisa brilló en su rostro sin colorear y resolvió:
–Es verdad. No puedo llorar. Si se enterara mi padre me azotaría más que el día que robé los candelabros del templo de Atenea. Bueno, ¿me aceptáis en vuestro grupo?
¿Cómo podían decirle que no a un ladrón que acababa de perder a su abuelo? De hecho, la opción “no” estaba desactivada cuando Nebuloso tenía que tomar la irrevocable decisión sobre la nueva incorporación en el grupo.
PAUSE
Mun, the Gaming Doll
Dibujo: Genesis44 hizo este dulce retrato de Bugenhagen, el sabio del Final Fantasy VII. Ni me he molestado en buscar una imagen humorística de él, porque la imagen en sí del sabio es tan estrambótica que te puede hacer reír o exclamar "¡ohhh, qué mono!
También es cierto que podía haber escogido a muchos sabios para ilustrar esta parte de "Nebuloso's Fantasy", pero he puesto a Bugenhagen porque... porque sí.