domingo, octubre 08, 2006

Blanca












Llorar es algo vergonzoso; una muestra de debilidad que distingue a los débiles de los poderosos. Por eso, cada vez que salía el tema, Blanca se escondía en el lavabo y daba rienda suelta a sus lágrimas. Con la práctica, había aprendido a no sollozar mientras su alma sangraba, y sus amigos como mucho imaginaban que salía a tomar el aire, pues era una chica a la que no le gustaban los espacios cerrados.

Lo cierto es que Blanca era todo un misterio. Hablaba poco y siempre en voz baja, casi en un lánguido susurro que recordaba a la música de un piano helado. Nadie recordaba haberla visto reír, ni cuando contaban chistes y anécdotas graciosas. Sólo entonces esbozaba una tímida sonrisa, aunque sólo se percibiera en el arco de sus delgados labios. Sus ojos oscuros siempre tenían la misma expresión ausente, como si miraran siempre dentro de ella, buscando algún secreto difuso en su corazón, que nadie de su pandilla averiguaría.

Sin embargo, a pesar de su frialdad, Blanca era bastante apreciada por sus amigos. La conocieron aquel mismo año en el instituto, y no les costó conectar con ella, ni a ella le costó integrarse en el grupo. Era una muchacha bastante reservada y callada, aunque esto hacía que su reacción ante las manifestaciones de cariño fueran más acusadas. Era la única vez que la luz inundaba su rostro por unos instantes; cuando uno de ellos la abrazaba o le daba un beso, incluso cuando el único significado que tenían era el de un saludo cordial. Y esto la hacía parecer una encantadora muñeca a la que nadie negaría unos mimos.

Pero había algo que les desconcertaba por completo: su actitud ante el sexo.

Era un tema bastante recurrente en el grupo, ya que era el fruto prohibido que todo el mundo desea morder el primero. La mayoría habían empezado a iniciarse en el tema de los besos, y varios de ellos, que habían llegado a algo más con sus primeras parejas, animaban a los otros a probarlo, retándoles con el hecho de que la virginidad es una mancha que hay que sacudirse de encima antes de los dieciocho.

Cuando Blanca oía esto, se le ensombrecía el rostro y dirigía la mirada hacia su vaso o su bebida, mientras jugueteaba con la cañita o la cuchara. Si la frivolidad con la que se hablaba del tema aumentaba, intentaba desviar la conversación a otra vía totalmente distinta. Y cuando podía, se escapaba por unos minutos, alegando que tenía ganas de ir al baño. Pero el sexo siempre es el tema más candente cuando se tiene quince años, aquel dios oculto al que se le rinde un culto clandestino en una sociedad postfranquista.

Pasó el tiempo y las conversaciones acerca del tema proliferaron más, pues todos se habían lavado ya la mancha de la inocencia. Y Blanca jamás dijo nada, alimentando la curiosidad de todos ellos, especialmente cuando reaccionaba como un fantasma escondido cada vez que el tema hacía su habitual aparición.

—No sé por qué te pones siempre así cada vez que hablamos de sexo —le espetó uno de sus compañeros.
Blanca no respondió. Al menos no con palabras. Pero sus ojos brillaron más que nunca, como dos charcos de agua salada, y antes de que se desbordaran, salió corriendo.
—¿Qué le pasa?
—Es una amargada. Le jode que ella sea la única que no lo haya hecho aún.
Pero lo cierto es que Blanca perdió la virginidad mucho antes que todos ellos. Concretamente a los nueve años.

Mun, the Tragic Doll

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Imagen extraída del videojuego Silent Hill 2

2 recogieron sus pétalos:

de cenizas dijo...

¡Vaya sacudida final! Muy bueno, relato-bomba que acaba estallando en la cara del confiado lector.

besos¡

Joan González dijo...

ok perfecta!!!
xocolata negre ummmmmmmm.

salut. Joan