lunes, enero 08, 2007

La puerta abierta (final)




Había volado escaleras arriba con la locura latiéndole en la entrepierna, y ahora sentía que estaba a punto de estallarle. Su concentración sólo estaba pendiente del cumplimiento de su único deseo, aquel deseo que dictaba el ritmo de su pulso. Y fue por esto que tardó tanto en percatarse de la situación.

La puerta abierta que le saludó al llegar al rellano se le antojaba como una invitación a ejecutar su cometido, pero lo que se encontraba detrás de ella le frenó en seco con una bofetada en mitad del sentido común.

Aquella escena era como una acusación a su conciencia de lo que estaba a punto de cometer, y la objetividad que le concedía su posición le hizo ver lo abominable de su intención. La culpa le ardía en la retina y Enrique se habría arrancado los ojos si no fuera porque su sentido de la justicia le sacó la adrenalina de debajo del pantalón para inyectarla en su puño, que segundos después caía sobre la cara de aquel muchacho que pretendía a poseer a Elena por la fuerza.

La joven, liberada de su destino, vio asombrada aquel joven que se derrumbaba contra la cómoda, tirando algunas cajas de encima de ella, para luego caer al suelo. El temor le había congelado todos los músculos y el único movimiento que se apreciaba en ella eran sus ojos temblando, abiertos hasta estar a punto de caerse de las cuencas, mientras reconocían al joven que se levantaba del suelo, sujetándose el hematoma que florecía en su mejilla.

Pudo reconocer aquel rostro, a pesar de estar hinchado por el golpe, y la sorpresa y la indignación la asaltaron a partes iguales. Aquel desconocido que había intentado poseerla por la fuerza lo había logrado meses antes con menos resistencia. Para ella, había sido un escarceo más, alcohol barato con el que curaba sus heridas de amor ausente. Para él, era un asunto pendiente con su orgullo.

Y Enrique también reconocía al hombre que había golpeado para salvar a la mujer que envenenó su entendimiento. Rubio y atractivo, con un cuerpo atlético que se levantaba del suelo para escupir con la mirada al fotógrafo, el cual lo clasificaba en los recuerdos inamovibles de aquella tarde en la que decidió olvidar a Elena para siempre. Y antes de intentar recordar el nombre del joven, éste se abalanzó sobre Enrique para devolverle el golpe.

Iba directo a la boca, pero el instinto de supervivencia del fotógrafo consiguió frenarlo usando el antebrazo de escudo. Sin embargo, no le sirvió, ya que el chico le golpeó la cabeza con el otro puño. Enrique le quiso responder con otro golpe, y acabaron sujetándose los brazos y empujándose por el pasillo. Se habían olvidado de Elena; sólo importaba derribar al otro, sacarlo de aquel escenario y resguardar la propia integridad física.

Se habían olvidado de Elena, y aquello fue un error para uno de ellos. Marcos, cuyas pupilas sólo captaban un primer plano de Enrique forcejeando, notó algo tan pesado como una pisada de dinosaurio aplastándole el cráneo, y después la imagen de su contrincante se tiñó de escarlata líquida. Cuando su mejilla aún dolorida golpeó el suelo, dejó de pensar.

Enrique la vio de nuevo delante de él. A pesar del desprecio exaltado que centelleaba en sus ojos, a pesar del bate ensangrentado que blandía furiosa con ambas manos, le seguía pareciendo bellísima. Elena dejó caer el arma improvisada al lado de su antiguo amante y después se dejó caer sentada contra el mismo muro que había mirado mientras su alma estuvo a punto de ser apuñalada. Los nervios le habían inutilizado las piernas y apenas podía sostenerse en pie. Las lágrimas sollozadas se escapaban de sus ojos de muñeca, mezclándose con el rímel que, según Enrique, ella no necesitaba. Su apetitosa boca se contraía en una mueca monstruosa y, avergonzada, ocultó su tristeza en las rodillas.

Enrique recuperaba el aliento a medida que la contemplaba una vez más. Se percató de que aquella falda negra y corta le revelaba más piel que la que había podido contemplar en ella desde que la conocía. Apreció sus piernas largas, finas y bien torneadas, y su vecino evaluó que la arquitecta de la genética había hecho un gran trabajo con ella. No obstante, esta vez no la miraba con deseo, sino con una devoción inocente y fascinada, como aquél que contempla una obra de arte. El conocimiento de lo que había estado a punto de sucederle le inspiró compasión y un sentido del deber de consolarla. Así, se hincó de rodillas a su lado y la abrazó con cuidado, como si estuviera hecha de cristal. No quería oprimirla contra el pecho, por miedo a ahogarla o hacerla sentir incómoda.
–Menudo cabrón– gimió ella, apoyando el rostro sobre el hombro de su vecino.
Enrique se sintió anonadado al sentir aquellas manos de terciopelo aferrarse a su chaqueta, aquella boca húmeda y gimiente contra la clavícula, aquellos ojos convirtiéndose en agua justo encima de su hombro. Torpe e hipnotizado, le acarició la espalda nacarada.
–¿Lo conocías?
–Cabrón… Me lié con él una vez y le dejé bien claro que nunca más.
–Ah…
–Gracias por socorrerme… Es un hijo de puta enfermo.
–No… no es nada… no me des las gracias…
–Hijo de puta… Estaba loco… Seguro que me ha estado siguiendo este tiempo, espiándome hasta poder dar conmigo…
–Ya lo sé… Pero ya pasó… Llamemos a la policía… Tú ve al comedor, te haré una tila…
Entonces, Elena se incorporó. No sin antes taladrarle el alma con la mirada.
–A estos psicópatas deberían arrancarles el pescuezo, ¿no crees?
–Tal vez.
Mientras la joven se dirigía al comedor, Enrique advirtió que la puerta seguía abierta. Pero no estaba seguro si alguna vez se volvería a cerrar.


Mun, the Untrustful Doll

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13 recogieron sus pétalos:

Nirth dijo...

Ue, la prime en comentar. Me encanta la historia del cazador cazado, y como vas hilándola hasta el inquietante final. Un besito, mi escritora favorita!

Roadmaster dijo...

He leído las dos últimas entregas de un tirón y te has quedado conmigo pero bien jajaja. Además veo que estás sacando el lado gore que llevas dentro. Recuerda, siempre es mejor pasarse y luego recortar un poco que quedarse corta de entrada ;-)

Joan González dijo...

petonets...

joan

Ailën dijo...

AAAAAins, ya leí el final, ya estoy tranquila. todavía me temía que el que estaba dentro desde el principio fuese Enrique...(se llamaba así,no?)
Ufff...
Genial, me has mantenido en tensión hasta la última línea. Y el final es como los que me gustan...

Besos!!!

P.D.: La verdad es que ahora no me siento sola, ese poema...digamos que es un eco del pasado...

Anónimo dijo...

me encanta tu cuento. ¡es fantástico!

Aracnofobia dijo...

¡Por fin lo he leído! ¡He tenido tiempo!
Me ha gustado, aunque el argumento del juego era más trágico y enrevesado...
Tienes un talento genial para escribir =D

Te afilio, si no te importa ^^
¡Feliz año!

Tormenta dijo...

el deseo es un arma de doble filo, dejarse controlar por él puede llegar ser muy peligroso. La historia ilustra bien que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Casi todos poseemos un alma oscura en contraposición con lo que realmente dejamos entrever de nosotros mismos.
Un beso inmenso princesa Mun. :)

Croc dijo...

Fascinante, acabo de descubrir tu blog a traves de las votaciones de 20minutos y me he leido esta historia de principio a fin de un tirion. Me encanta tanto la historia como tu estilo.

Esto se merece un voto, y a partir de hoy te sindicare xa seguir pendiente de tus grandes relatos.

Lastima que compitamos en la misma categoria ;)

Salu2

K dijo...

Me ha encantado, simplemente genial el desenlace de la historia y cómo Enrique pierde los papeles en el anterior relato, qué realismo.



Besos!

Luz de Luna dijo...

Muy bonita la historia de principio a fin. Salu2.

Asiria dijo...

Enhorabuena por un relato muy bien narrado transmitiendo no solo acción sino multitud de sentimientos que el lector hace suyos. Ojalá ante todas las agresiones respondieran igual los testigos o conocedores de ellas.
Se hizo corta la historia. Un abrazo!

Nachob dijo...

Cada vez escribes mejor.

Nos vemos pronto, princesa, y hablaremos de historias y villanos que son heroes, aunque solo sean porque llegan tarde...

Alex [Solharis] dijo...

Te pido disculpas por el comentario tan superficial de tu relato que hice en una tertulia que se fastidió un poco.

Creo que es lo mejor que te he leído en cuanto al esfuerzo narrativo que le has dado y me gusta el final tan drástico porque se cambian los papeles y la chica frágil muestra una faceta más dura y despiadada.