jueves, noviembre 09, 2006

La puerta abierta (I)


Meses antes de aquello, Enrique era, en el sentido más figurado de la palabra, un muerto viviente. Tenía veintiocho años y no tenía ilusión por nada en la vida, ni tan sólo en la fotografía, una pasión adolescente de la que hizo su profesión adulta. De hecho, no recordaba la última vez que algo le había provocado un latido en su corazón. Era un androide de carne y hueso, programado para ir de casa al trabajo y del trabajo a casa. Vivía solo en un pequeño estudio en el centro de la ciudad y la austeridad de su vivienda reflejaba el eterno vacío de su interior. Pocos muebles a su alrededor y en su cabeza; todos cubiertos de un manto de polvo que cada día se hacía más grueso.

Era huérfano, no tenía más familia que él mismo y había estado viviendo en soledad desde los diecinueve años. Abandonó a los pocos amigos que había tenido en su vida al dejar su pueblo natal, y la pereza de marcar sus teléfonos o de escribirles un sencillo correo electrónico acabó deteriorando el vínculo entre ellos. Asimismo, tampoco podía estar orgulloso de su vida amorosa. A lo largo de su vida había tenido tres relaciones, ninguna de las cuales superó los tres meses de duración. Todos sus idilios fracasaron a causa de dos razones computables: o bien el trato diario acababa revelando a Enrique que el motivo de aquella historia era el miedo a la soledad más que el enamoramiento, o bien la fascinación que sus parejas experimentaban se esfumaba en cuanto desistían ante el infranqueable muro que Enrique imponía entre él y el mundo.

En efecto, pocas personas habían mantenido una conversación sustanciosa con él. Hablaba poco y su rostro tenía la expresividad de una estatua en permanente indiferencia. Sus compañeros de trabajo eran las personas con las que más trataba y ellos mismos afirmaban que parecía que le doliera hablar, como si tuviera la lengua paralítica. Además, sus palabras no iban más allá de cuestiones profesionales.

Sin embargo, aquel muerto viviente cobró vida el día que vio a Elena por primera vez.

Se la cruzó por casualidad. Él regresaba a casa del trabajo y la vio en la puerta de al lado, entrando en el piso contiguo con una abultada caja entre sus brazos. Debido al trabajo que tenía en una revista de moda que pasaba por los quioscos sin pena ni gloria, Enrique había tratado con mujeres despampanantes. No obstante, Elena era la única que le había provocado un paro en su corazón, a pesar de poseer una belleza más discreta. Era un poco más baja que él y tenía una figura esbelta, sin curvas escandalosas y poco favorecida con aquel chándal azul. Su rostro parecía haberse quedado estancado en la niñez; el verde de sus ojos de gacela parecía líquido traslúcido, y su mirada estaba llena de vida. Y fueron aquellos ojos, enmarcados en pestañas que no necesitaban rímel, lo que empujaron el corazón de Enrique hasta la garganta, impidiendo que éste pudiera articular un “hola”. Ella tampoco pronunció palabra alguna, pero, al notar la presencia de su futuro vecino, lo saludó con un ademán y una sonrisa en sus labios que denotaban más cordialidad que interés.

Cuando la joven cerró la puerta tras ella y la caja, Enrique se quedó en el rellano, con la mirada fija en el rectángulo de madera. Una parte de él se acercaba al timbre y lo pulsaba, ella abriría y él se presentaría como su vecino, ella haría lo mismo y seguidamente la arrastraría a una conversación en la que indagaría en su vida, su pasado, sus gustos, sus intereses. No obstante, otra parte de él, el verdadero Enrique, se quedó paralizada ante la puerta sin más acción que la de preguntarse cuándo volvería a ver a esa joven. Derrotado por su pusilanimidad, regresó a su hogar y se dejó caer en el sofá, en el que consultó la manera más apropiada de acercarse a la joven y saber al menos su nombre.

Mun, the Strange Doll

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10 recogieron sus pétalos:

Blue dijo...

hola, soy nuevo por aquí, pero me ha encantado tu relato. Muy bueno, si señor. Voy a seguir cotilleando por aquí.

Tormenta dijo...

2 puntos de vista que se entrelazan... me gusta! las dos partes promenten un nudo interesante. qué bonito poder leerte!!
besos:)

Ailën dijo...

La parte más fría y racional con la impulsiva, la sentimental...siempre tengo ganas de ver quién gana.

Joan González dijo...

Hola "Mun", la foto no me gusta, ya tenemos demasiada violencia, no te parece. Prefiero mis fotos de NATURALEZA, ya que es el tema que trato en el blog, te todas maneras se aceptan sugerencias.

un petonet de Isart... jeje.

joan

Raquel dijo...

Impresionante.

Besos, Mun.

timidota dijo...

Increible Mum

Roadmaster dijo...

¡Nena! Te estás superando, me gusta por dónde estan yendo los tiros de tu narración en este último relato por entregas. ¡Así me gusta!
Muá!

Darka Treake dijo...

Se pone interesante la cosa...
Detrás de un violador también tiene que haber algo, no??

K dijo...

Muy bueno el relato, ahora seguiré leyendo las siguientes partes a ver que tal lo acabas.

Por cierto, te gusta ¿el Silent Hill o algo? Si no me equivoco la fotos que salen en estos relatos son del Silent Hill 4: The Room. A mí personalmente me encanta esta saga xD

Besos!

SoL LuNaR dijo...

buen trabajo...con eso basta :)