
Os preguntaréis por qué escogí el metro para volver a casa. La respuesta es muy sencilla: en el mundo de los humanos estoy privada de mis poderes, y tampoco quería desplegar las alas para no llamar la atención. De todos modos, lo consideré una buena oportunidad para estudiaros. Sin embargo, tuve que ser más precavida y tener en cuenta que algunas costumbres de mi raza, como la magia, puede causaros malestar. Por esto os escribo esta carta, para disculparme con aquellos que compartieron aquel viaje conmigo.
Antes de nada, me gustaría deciros que me parecisteis muy curiosos. Cada uno parecía un planeta aparte de los demás, con los que comparte una galaxia, pero nada más. Cada uno orbitaba alrededor de su libro, su música, su móvil o su portátil, sin percatarse del compañero de asiento. Y ojo, no lo critico, para mí fue mejor; así pasaba desapercibida. Lástima de aquel niño que me miraba tan fijamente, con esos ojos tan grandes llenos de curiosidad y emoción. Creo que lo sospechaba. Y yo me regocijé al saber que todavía queda gente que cree en nosotras.
No dudo que para vosotros sea un medio de transporte cómodo y útil, pero espero que comprendáis que para mí no. Por eso tuve que hacerlo. Y aproveché vuestro ensimismamiento para realizar mi hechizo con total libertad. Temía que aquel chiquillo os alertara al ver cómo yo hacía círculos con los tobillos. Sin embargo, permaneció muy quieto, observándome mientras se pellizcaba las mejillas y su madre le ordenaba, fastidiada, que se estuviera quieto.
Perdón por aquel giro tan brusco en mitad del túnel, pero nunca he sido buena conductora. Si alguien se hizo daño, le compensaré curándole, pero comprended que tenía que volver a casa. De todos modos, me alivia saber que nadie salió demasiado herido.
Todavía recuerdo vuestros gritos de asombro cuando cómo el monótono paisaje de los túneles cambiaba a aquellos árboles de hojas multicolores. Una anciana se desmayó al percatarse de que los raíles se habían convertido en agua. El niño era el único que no parecía angustiarse por el trayecto. Le recuerdo corriendo de un lado al otro del vagón, fotografiando con los ojos cada hoja, cada flor, cada riachuelo. Creo que lo más hermoso que he visto en vuestro mundo fueron esos grandes ojos curiosos.
Y extrañamente bello fue ver aquellos ojos estallar en lágrimas cuando bajé del vagón, justo antes de que vuestro metro volviera a pasar por ese túnel negro que os hace de transición entre parada y parada. Sólo espero que esta carta también le llegue a aquel chiquillo y me recuerde. Si alguien de vosotros le conoce, entregádsela, por favor.
Gracias por todo,
Soluna
Mun, the Lost Doll
Este relato participó en la 2ª Edición del Concurso de Relatos Cortos de TMB. No se llevó un sólo premio (había relatos de muy buena calidad), pero tal vez otro año será. La fotografía con lo que lo acompaño se llama Fairy on the Railroad Tracks, de Itsalladream321