
Y bien, aquí tenéis la fruta final de esta de esta macedonia en la cual tenía que poner la guinda. Os advierto de que cuando la historia llegó a mis manos estaba en un estado de degeneración bastante avanzado, así que no os asustéis de lo que podáis leer. Espero que os guste mi aportación, aunque antes de degustarla, debéis comeros antes todas las demás frutas:
Capítulo 1: Sacapuntas
Capítulo 2: Hope
Capítulo 3: Murron
Capítulo 4: LOS SUEÑOS PERDIDOS
Capítulo 5: EL CAJÓN DEL FONDO 2
Capítulo 6: En Noches De Luna
Capítulo 7: La vida en el metro
Capítulo 8: El desdén
Capítulo 9 : El reencuentro
Sobre todo, me gustaría dedicar esta historia a Mitsu, que es quien me ha otorgado el honor de escribir el final de esta divertida historia. Espero no haberte decepcionado Mitsu, y que sigas confiando en mí para esta serie de juegos. ¡Un besote afrutado!
Bon appétit!
CAPÍTULO 10: DE CÓMO LEONOR OBTUVO SU DULCE VENGANZA Y A UN BELLO MOZO
Ante el apasionado beso entre Eli y Leo, en el cual las lenguas corrían desorbitadas a juzgar por el bulto danzante entre las mejillas de ambas mujeres, Carlos notaba cómo la sangre bajaba a su entrepierna de nuevo. Hablando pronto y mal, Eli estaba muy buena; en sus años de instituto había pensado cientos de veces en colarse debajo de su tanga y el hecho de verla en plena acción le ponía en celo perruno. Por su lado, Leo le inspiraba el mismo amor que un plato de lodo infestado de cucarachas, pero el hecho de contemplarla besándose con una mujer le hizo verla cómo sólo podía conseguir el efecto de 8 copas de vino.
Entonces, Carlos miró a Sergio, el cual le respondía con miradas incitantes, que parecían rogarle repetir el fogoso encuentro del baño. Aquella deliciosa criatura le guiñó uno de sus ojazos verdes y señaló el baño con la cabeza, tentador como un bombón de lujuria. Se pasó la lengua por los labios, prometiéndole a su interlocutor que si le seguía le haría reventar de placer.
Acto seguido, aquel diablo seductor se levantó y fue al baño de hombres, confiado en que Carlos le seguiría. Pero Carlos no se podía levantar.
Cuando se deshizo el beso entre las dos mujeres, Eli miraba atónita a Leo, ante el estupor del resto de comensales, que creían ser víctimas de una broma de cámara oculta.
-¿Qué era eso? ¿Estás loca? -le espetó Eli a su amiga.
-No tengas miedo a mostrar tu sexualidad, no eres la única que ha cruzado la acera. ¡Y no miro a nadie!
En contraposición a sus palabras, su mirada se clavaba en Carlos, que en esos momentos el problema que tenía debajo del pantalón se convertía en una urgencia.
-Tengo que ir al baño.
Como si le hubieran prendido fuego en los calzoncillos, Carlos fue raudo al lavabo, para encontrarse con la puerta cerrada desde dentro, como si alguien hubiera improvisado una barricada. Con la desesperación de aquél que hubiera tenido la vejiga a punto de reventar, aporreó la puerta entre sollozos, sin que nadie del otro lado se apiadara de él ni de su calentón. El sex-symbol de instituto no se atrevía a volver a la mesa, ya que sabría que sería apedreado con un aluvión de preguntas indiscretas de sus ex-compañeros, para después ser fustigado con la risa malévola de Leo. Sin embargo, su "pistola" le recordaba a gritos la necesidad de vaciar el cargador.
Sin saber cómo, mientras buscaba un blanco al cual disparar, se encontró en la cocina. El cocinero estaba enfrascado en la preparación de un pato a la naranja para unos clientes, pero lo que más llamó la atención a Carlos se encontraba encima de la mesa: una tarta de chocolate, coronada de crema y nata, que se le antojaba tan apetitosa como la boca de Sergio.
A Carlos le vinieron recuerdos de una mítica escena de American Pie y de las preferencias sexuales de cierto personaje de El Predicador, saga de cómic que guardaba su hermano tras un ejército de figuritas del personal de Final Fantasy. "A falta de un buen mozo, buenos son bizcochos", se resignó el semental. Así, sin más remilgos, se deshizo de la opresión provocada por la tríada cinturón-bragueta-bóxer y hundió su masculinidad en la lasciva esponjosidad del postre que sus ex-compañeros de clase aguardaban. Con los ojos cerrados, subió a caballo a la montaña del éxtasis, sin percatarse de los chillidos de horror del cocinero al contemplar la violación de su obra de arte culinaria, ni de Leonor, que inmortalizaba aquella escena con una cámara digital, mientras sonreía satisfecha.
Al notar en su prieto trasero los escobazos del cocinero histérico, Carlos bajó a la Tierra. Tras secuestrar el pastel ensartado en su "espada", intentó huir de la cocina, pero tropezó con sus propios pantalones atascados en los tobillos, y cayó al suelo cuan largo era. Su cuerpo aplastó a la malograda tarta, que se untó por toda la camisa del hombre. Aquél que había sido el terror de las féminas durante la época de las espinillas se levantó a duras penas del suelo cuando se topó con el objetivo de la cámara de Leo, que apuntaba a sus morros como un dedo acusador.
-¿Esto no lo pondrás en Youtube, no?
-Jojojojo, de hecho pensaba grabarlo en cd's y venderlos a tres euros, pero me acabas de dar una idea mejor.
Y tras presionar el "stop", Leonor fue a buscar, resplandeciente, a Eli, dispuesta a enseñarle triunfal el cumplimiento de su misión. No obstante, decidió mostrarle el vídeo más tarde, pues supuso que no era buena idea interrumpirla en pleno intercambio de fluidos bucales con Javi, el cual quería comprobar que, a pesar de la escena lésbica anterior, Eli no había cambiado de acera. Por lo que respecta al resto de comensales, éstos habían abandonado el restaurante, indignados con todo aquel festival como el Vaticano ante una versión pornográfica de la vida de Jesucristo.
-Parece ser que ya hemos cumplido aquí -anunció una voz cálida y viril desde la nuca de Leo.
La mujer se giró y vio a Sergio ante ella, que la miraba con ojos cómplices y traviesos.
-Hacía tiempo que este capullo se merecía una lección -prosiguió el joven-. Eli me contó todo lo que pasó en aquella fiesta de fin de curso y no me pareció nada justo.
-Desde luego. Muchas gracias por ayudarme a ello. Ha salido mejor de lo que esperaba.
-Tengo el coche fuera, te puedo llevar si quieres. Eli no parece estar muy por la labor.
En efecto, mientras el cocinero echaba a patadas a Carlos del restaurante, el chef estaba pensando en recomendar una lista de hoteles a la pareja que, sobre una silla, expresaban su amor reprimido con total libertad. Por su lado, Sergio tomó a Leonor de la mano y la guió hacia el coche. Mientras la mujer se acomodaba en el lujoso asiento de cuero, su acompañante se lanzaba al asfalto con la misma seguridad que Michael Knight.
-Ha sido una noche perfecta -comentó Leo, acariciando su cámara-. Hacía años que esperaba esta noche.
-Para mí también lo ha sido. Hice muy bien en aceptar la invitación de Eli. Además, he conocido a una chica preciosa.
-En ese caso tuviste que pedirle el móvil antes de que se fuera...
-Tal vez lo haga antes de que se baje de mi coche.
Leonor no daba crédito a lo que oía. La saliva se le atascaba en la garganta como una gran bola de arroz.
-Pensaba que eras...
-¿Gay?
La negación de aquella suposición vino acompañada de un frenazo ante la casa de Leonor. Sergio ensartó su mirada esmeralda en el rostro ruborizado de Leo. Lo cierto es que aquella mezcla de timidez y picardía despertaban interés en el joven, que se veía en el deseo y la necesidad de demostrarle sus auténticas preferencias sexuales. Leo también quería comprobarlas, Después de una copa de whisky en su casa, en un cuerpo a cuerpo en su cama.
Al día siguiente, mientras aireaba las sábanas sudadas, Leonor recordaba esa noche como su gran noche.
Mun, la guinda de la macedonia

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