domingo, junio 27, 2010

No-muerta

No es mi naturaleza.
Es el líquido
que asegura tu vida.

No es mi naturaleza.
Es la yugular palpitante
que reclama mi beso dentado.

Y quieres cerrar esa puerta
cuando tu cuerpo sucumbe
a la sed que lo llama.

Toma y bebe de mí
la vida que tu vida
necesita para galopar
por un mundo adormecido
donde anestesiados y condenados
están siempre los sentidos.


Mun

Imagen: Thrist, de Yukisouma

viernes, junio 18, 2010

Operación

Necesito operarme aquí, es una urgencia. Sé que el traqueteo no es lo más favorable para la precisión, y que a las siete de la tarde no voy a tener la intimidad necesaria para la concentración, pero es ahora o nunca. Tengo esta historia dentro de la cabeza todo el día, zumbando por mis neuronas, asfixiando al resto de ideas. Necesito abrirle una vía con este bolígrafo y derramarla sobre el papel, sino creo que me fundirá el cerebro y moriré. Es muy urgente, ¿lo entiende? ¿Me cede el asiento, asiento, por favor?

Mun

Dibujo: On a train with a coyote ghost, de Basia Konczarek

lunes, mayo 17, 2010

Ariful

Ariful debió llamarse Prometeo;
secuestró la luz de los ángeles
y la transporta en los ojos
para regalar al mundo unas gotas cada día.

Pero Dios no puede castigarle,
pues las cadenas son plumas para sus alas,
y de águilas valientes tiene hecho el hígado.

Ariful debió robarle el reloj a Cronos
para que todos los momentos a su lado
no se fraccionen en minutos veloces.
Y, por qué no,
un poco de talento a Apolo
para hacerle mejores poemas.


Mun, Your Rukia

Dedicado a una persona muy especial para mí, sin la cual Nebuloso no sería Nebuloso, y sin la cual mi vida tendría un hueco bastante notable. Felicidades, hermanito.


Imagen: Los inolvidables Kon y Rukia, de Bleach.

viernes, marzo 26, 2010

Contraataque deslumbrante

Cuando todos se retiraron a dormir, la drow Lyshanna se aseguró de que la cremallera de la chaqueta de cuero le quedaba justo en el inicio de su intimidad y de que el cinturón de la víbora (gran amuleto) le perfilaba bien la cintura. Tras eso, se dirigió al cuarto de Kane para ofrecerle una oportunidad que ningún humano en su sano juicio se atrevería a rechazar.
-Me has pedido que sea tu guardaespaldas... Puedo serlo... esta noche también...
El clérigo la miró con su aplomo habitual y, como si hubiera ensayado las palabras, le respondió:
-Es tentadora la oferta... Pero, no, gracias.
Aquel rechazo se fraccionó en varias losas que cayeron sobre el orgullo de Lysh. ¿Cómo osaba un simple humano rechazar una noche de pasión con una elfa oscura, raza cuyo talento sexual era reconocido como uno de los mejores de la Época de los Dragones y las Mazmorras? Mientras se preguntaba si la casa de su jefe sería un armario rosa, salió de la posada procurando que nadie se percatara de la humillación que acababa de sufrir.

La furia estaba apunto de estallarle en forma de locura berserk. No sólo tenía que soportar el desplante de un frígido humano autoproclamado jefe (a pesar de que Medrash tenía sus objeciones al respecto) de la manada del mal a la que ella, por interés, pertenecía, sino que también tenía que acatar las prohibiciones. En Espiratrueno, Lysh tenía que censurar sus placeres favoritos: inocular el miedo en los tristes lugareños e irse de compras con el olvido de pasar por caja. Era demasiado. Necesitaba aliviarse de alguna manera.

Y no hay mayor alivio contra una tentación que caer en ella.

Los vigilantes ojos de Kane estaban cerrados, así que, no estaban encima de ella y, por lo tanto, no tendría por qué enterarse de sus actividades nocturnas. Además, ella necesitaba adquirir una armadura nueva. Deseaba una que la protegiera mejor, pero que no limitara sus arácnidos movimientos por el campo de batalla. Y si resaltaba sus sinuosas curvas para echárselas en cara al perro faldero de Hextor, mejor.

Escogió una armería cercana. “La llevará un humano”, pensó mientras abría la puerta. “Si es así, se acojonará tanto que no protestará cuando le pida ayuda para llenarme las bolsas. Y si es un enano, no verá por encima del mostrador”.

Pero qué difícil es robar, incluso para una drow, cuando el dependiente es alguien de tu familia a quien creías desaparecido.
-Gendar...-susurró ella cuando logró descongelarse los labios de la sorpresa.
-Lysh... -respondió él, dejando caer al suelo la espada a la que estaba sacando brillo.
Tras un conveniente y emotivo silencio, el elfo oscuro saltó por encima del mostrador y se fundió con su prima en un abrazo con un tenue acercamiento sexual. Sólo al separarse, Lyshanna se percató del parche en el ojo del joven.
-¿Pero qué te ha...?
-Imagínatelo. No me apetece recordarlo. Ven, pasa para adentro.
El drow colocó en la puerta un cartel de “CERRADO POR PEREZA DEL VENDEDOR” y la cerró con los diecisiete candados. Después condujo a la trastienda a su prima, donde le ofreció una jarra de hidromiel.
-¡¿Hidromiel!? ¿Qué mierda es ésa?
-Lo que beben todas las damas de la Época.
-Yo lo que quiero es cerveza, lo único que me pone a punto para luchar contra los enemigos.
-Eso te baja la percepción y no verías a tres gnolls en un kraken.
-Seguro que tienes algo mucho mejor que lo que me puedan ofrecer en la posada en la que me quedo.
Gendar esgrimió una sonrisa maliciosa.
-Seguramente.
Y sin que a la drow le diera tiempo a reaccionar, le tiró la mesa encima. Lyshanna la esquivó con una grácil voltereta, tras la cual buscó a su primo para aprisionarle por el cuello contra la pared. Pero él se escabulló como un pececillo, con una risa que significaba “lo sabía”.
-Eres demasiado lenta -le criticó.
-Voy a demostrarte lo lenta que soy cuando te arranque la piel a tiras para hacerme un pijama.
-Hey, no hace falta ponerse así... -la tranquilizó él-. Sabía que no te haría ningún daño porque ibas a esquivarla. Pero tú problema es ése, Lysh, te esfuerzas en esquivar los golpes y no en contraatacar.
-Si no supiera atacar, no habría podido venir a verte.
-Me refiero a CONTRAatacar, justo en el momento de recibir un golpe. En ese momento, en el segundo después del ataque, el enemigo está indefenso, regocijándose de haberte causado una herida. Es el momento de morder. Y de dejarle deslumbrado con tus artes en el campo de batalla.
Tras ello, Gendar se dispuso a mejorar las dotes guerreras y pícaras (en el sentido estratega) de su prima. Se pasaron más de dos horas entrenando e intercambiando espadazos por la trastienda, enzarzados en un combate que poco tenía de ficticio, a juzgar por los cortes que recibieron como recuerdo del reencuentro familiar. Lyshanna estudió los movimientos de su primo hasta poder predecirlos, y con ello desarrolló una técnica de contraataque inmediato que, seguramente, haría llorar a sus enemigos más de lo acostumbrado. Sin embargo, era una técnica tan perfecta y compleja que sólo podía utilizarla una vez al día. De lo contrario, la energía se evaporaría de su cuerpo y quedaría inconsciente. Y, a pesar de ello, se moría de ganas por estrenarla cuanto antes e impresionar a sus compañeros.

Los drows estaban recuperando las fuerzas tendidos sobre la húmeda madera de la trastienda. Lyshanna, por primera vez en doce años, le dedicó un elogio a su primo:
-Sigues siendo igual de bueno en combate. Creo que mejor y todo. Ahora entiendo cómo es que escapaste.
-Tú eres muy buena también. Estaría bien entrenarte de vez en cuando.
-No voy a quedarme mucho tiempo aquí... Tengo que...
-Lo sé. Y tienes que hacerlo. Por ella y por mí.
Lyshanna le miró. A pesar del ojo perdido, seguía conservando aquel atractivo que subrayaba las ventajas de la endogamia. Decidida, le puso una mano en el vientre y recorrió suavemente el camino que la llevaba hasta el pecho.
-Seguro que no es lo único que quieres enseñarme esta noche.
Gendar no era tan mojigato como Kane.

Lysh apareció por la posada al romper el alba. En la puerta la esperaba Tarja. Sólo le faltaba blandir un rodillo.
-¿Qué horas son éstas? -la increpó.
-Estaba de compras.
-Ya me imagino lo que estarías comprando. Anda, pasa hacia dentro y ponte bien la ropa. Lo que hay que ver...
A Lysh le enfurecía que una tiefling, por muy bruja que fuera en el sentido literal, actuara de madre. Pero no le convenía montar escándalos. No mientras trabajara para un provechoso clérigo de Hextor.


Mun, a RPG Doll

Dedicado a esos encantadores señores que se pasan los domingos jugando al rol conmigo. Y en especial, a Isra, no por ser el master, sino por ser uno de los mayores tesoros que he encontrado en Madrid

Imagen: Este relato se queda sin imagen hasta que Daemigoth haga una.

martes, marzo 23, 2010

Sobre un pixel en letras llamado Nebuloso

Hace mucho que apagué la consola. Sois bastantes los que me preguntáis por "Nebuloso's Fantasy" y os debo una explicación. De momento, he decidido no publicarlo más por blog. Sigo trabajando en él de espaldas a la red, con el futuro de dar a Nebu y a sus encantadores compañeros un hogar de papel. Deseadme suerte.

viernes, febrero 05, 2010

Cómo cuesta

Cómo cuesta morderse la lengua
cuando arde demasiado en la boca
y quiere apagarse con un rugido.
Cómo cuesta amansar a la fiera
cuando te arranca la piel desde dentro
y te apaga el cerebro a zarpazos.
Cómo cuesta ser humano
cuando eres animal algo más evolucionado.
Cómo cuesta encontrar la línea
que separa Educación de Hipocresía.


Mun, the Wrathful Doll

Fotografía: Wrath, de Vive-la-Rock

martes, enero 12, 2010

Vivimos en una bola de nieve

Acabo de descubrir que vivimos en una bola de cristal, de ésas en las que la nieve cae cuando la giras. Lo sé por la forma de los copos, tan pequeños e irreales, y el breve terremoto que precede a cada tormenta.

Vivimos en un juguete olvidado, cuyo dueño habrá recordado al limpiar el cajón de los objetos inservibles. Seguramente se trate de un niño tan impresionable como nosotros, que hacemos de un fenómeno tan natural un acontecimiento único. Por eso decidimos salir al portal a contemplar la danza de esos copos que no se conforman con fundirse en el suelo. Vuelan, giran como una bailarina en su cajita de música, bailan un vals en grupos y parejas. Todo para eternizar ese viaje que no quieren que acabe nunca. Hipnotizado, me comentas que te recuerda a las escenas romanticoclichés del cine estadounidense y, como cualquier anécdota casual de nuestras vidas, la conviertes en una línea más de nuestro cuento de hadas.

Trato de explicarte que vivimos en una bola de cristal, de ésas en las que la nieve cae cuando la giras, y antes de que mi descubrimiento se convierta en confesión, me besas. Y yo hago trampa y abro los ojos para ver tu expresión desenfocada, que siempre me ha parecido tan graciosa. Entonces vislumbro sobre tu cabeza la luna. Por primera vez me fijo en que es una sonrisa gigante formada por huecos y dientes de leche.

Es la primera vez que el dueño de la bola nos ve. Somos una novedad curiosa que devuelve el atractivo a su juguete. La luna se hace más grande y vibra en carcajadas. Eso me hace saber que en cuanto entremos en casa volverá a hacer girar la bola.


Mun, the Snow Doll

Imagen: The Crystal Ball, de Pretty Nasty

Dedicado a la excelente compañía de una tarde de nieve, sofá + película + manta.

jueves, enero 07, 2010

Para Justiniano


¿Y por qué no puede ser Justiniano
un vikingo en bicicleta
que vacíe Plaza Cataluña
con su hacha de juguete
para tener una cita íntima
con la bella amazona
que conoció en una novelaencurso
que parodia videojuegos de rol?


Para ti.

Dibujo hecho por un Bardo encantador que siempre está en todo.

Mun

jueves, diciembre 31, 2009

Hacia el 2010

Cariño, siéntate, tenemos que hablar. Sí, ya sé que odias esa frase, pero sabías que este momento llegaría. Tal vez no estabas preparado para esta noche, pero tampoco has hecho lo posible para que no llegara.

Tienes que marcharte. Lo siento.

Bueno, en realidad no lo siento tanto. No has sido un buen amante. Tal vez empecé a salir contigo con demasiadas expectativas; creía que ibas a ser tan bueno como el 2008, que tanto me cambió la vida hasta hacerla otra. Sin embargo, te portaste muy egoístamente. Me concediste un trabajo que parecía una parodia de la imagen de trabajo que se tiene en el país, y luego decidiste que era mejor que me quedara en casa a pensar en ti y en la nada que me has aportado.

Por si fuera poco, me apartaste de varias personas con las que no puedo reparar la amistad sin que el miedo o el orgullo causen interferencias en nuestras conversaciones. Supongo que así yo tendría más tiempo para dedicarte más pensamientos.

Pero no seré cruel contigo. He aprovechado el exceso de tiempo libre que me otorgaste para dedicarlo a mis proyectos, y eso que ha hecho que a nivel literario creciera un poco más. No has matado mis sueños, lo siento. También me has concedido momentos inolvidables, como mi primera luna de miel. Supongo todo esto era para que no te odiara tanto.

Lo siento. Hay otro año. La he invitado a cenar a casa esta noche y he preparado las uvas de postre y el champán. Llevo ropa interior roja y esta vez no es para ti. Y después nos iremos a celebrar nuestro encuentro. Quiero que nos dejes solos. Y que te vayas para siempre.

Quédate justo ahí, en mis recuerdos.


Mun os desea a todos un Feliz 2010

Fotografía: Into new year, de Ciril Jazbec

miércoles, diciembre 23, 2009

Otra carta a los Reyes Magos

Queridos Reyes Magos,
Este año no pienso pediros juguetes, aunque esto lo sabréis porque llevo años sin pedirlos. Sobre las colonias, los reproductores de música, la ropa interior y exterior no os preocupéis. Prefiero ir a buscarlos yo sola, aunque me tenga que enfrentar a las resabidas hordas de zombies comprarregalos, más guiados por el “quedar bien con el otro” que por el “gusto del otro”.

No. Tampoco os pienso escribir en el idioma de la corrección política una carta que pida la paz en el mundo que no me importa. Cuando me levanto por las mañanas pienso en mí, en rogarle cinco minutos más al despertador, en las tareas pendientes del día, en dónde encaminar mi vida profesional, en lo mucho que echo de menos a mis amigos, en llamar a papá y mamá y en ver de nuevo a mi pareja cuando vuelva a casa del trabajo. Y antes de acostarme pienso en el día siguiente y tacho un día más del calendario hasta alguna fecha señalada. No, no pienso en países menos favorecidos que el mío, ni en niños inocentes que sufren las inclemencias de los adultos. No les conozco y no puedo sentir nada por ellos. Bueno, sí que pienso en ellos. En los cinco minutos que dedico leyendo el periódico. Así que no pienso pediros la paz mundial, porque me niego a ser hipócrita. Además, no creo que el mundo se merezca ese regalo, porque no ha sido un niño bueno.

Tras leer esto, consideraréis que no me estoy portando bien. Que soy una egoísta. La única diferencia es que lo reconozco y soy consecuente con ello. Por eso os escribo esta carta de despedida, porque me parece justo prescindir de vuestros servicios si no los merezco. También podría no deciros nada, pero a pesar de todo soy educada y no me gustan las despedidas francesas.

Ya tenéis alguien menos de quien preocuparos. No quiero que os enfadéis conmigo; después de todo os pienso compensar. Vosotros repartís regalos que los niños piden a la carta, incluso después de que sepan vuestro triste secreto. Yo voy a repartir regalos que reparto durante todo el año y que vosotros no podéis. Necesitáis ayuda de un pergamino eterno para relacionar a los niños con sus rostros y nombres, y anotáis sus buenas obras como un profesor anota los puntos positivos en clase. Pero nunca os habéis sentado a jugar con ellos con los propios juguetes que le dejáis en los balcones. No sabéis operar sus corazones rotos a la una de la mañana en un portal, o compartir un café con ellos en un bar que habéis convertido en “el de siempre”, ni sabéis la combinación de la caja fuerte de sus risas, ni comprobar su calor corporal con un abrazo. Yo sí. Y por eso puedo hacer mis regalos.

Y no es un acto altruista. Yo acabo recibiendo lo mismo y por eso entrego.

Felices y descansadas fiestas,
Mun


Mun os desea que hagáis felices estas Fiestas

Fotografía: Ice Crown, de Sarah Beara

martes, diciembre 15, 2009

Por qué soy Cuentacuentos

Porque lo encontré en tu blog y tenía curiosidad.
Porque tú me acabaste de convencer, porque sabías que me sería útil.
Porque me gusta cómo me revuelves el pelo cuando estás contento.
Porque sabía que no era la única del gremio que en realidad quiere ser escritora.
Porque eres pura filosofía. Y te pareces a Alex De Large, digas lo que digas.
Porque te reconocería aunque fueras de blanco, con gorra y gafas-máscara de sol.
Porque yo también pienso que nos parecemos mucho. Y eso, para mí, es un honor.
Porque en cada encuentro contigo siento la emoción de verte por primera vez.
Porque eres capaz de desencajarme la mandíbula a risas.
Porque me hizo mucha ilusión que vinieras. Yo también tenía muchas ganas de verte.
Porque no esperaba que tuviéramos amigas en común.
Porque he crecido mucho a nivel literario gracias a ti.
Porque me hiciste ver que las alas las llevamos ocultas para camuflarnos entre los humanos.
Porque tienes una voz preciosa y nunca me cansaré de decirlo, aunque no te lo creas.
Porque es una cosa más que me gusta compartir contigo. Y porque así me acompañas a casi todas las quedadas.
Porque fue toda una sorpresa encontrarte por la calle de casualidad aquella Navidad.
Porque me gustó ir a visitarte a casa con tu gripe. Y porque no me importaría hacer un tour por España contigo en coche.
Porque me gustó mucho tu recibimiento. Porque no me lo esperaba.
Porque soy una bruja y lo sabes.
Porque tus buenas lunas son mejores que el cazador de sueños más potente.
Porque me descubriste.
Porque eres una montaña rusa emocional.
Porque no es verdad que sea la más cabal, pero que tú me consideres así me anima a serlo.
Porque sé que tu solidaridad es sincera como tu corazón.
Porque no tenemos bastantes momentos juntas, así tenemos más.
Porque guardo esa placa, y cuando la veo me acuerdo de ti. Y me la pondré cuando te vea.
Porque recuerdas todo lo que te cuento, aunque hablemos poco.
Y porque no sólo iba a conocer escritores, sino personas.


Mun, la Muñeca Cuentacuentos

jueves, diciembre 03, 2009

Dream on

A veces descubres que sabes hacer un truco y cuando lo quieres repetir, lamentas no recordar los pasos exactos que has seguido para conseguirlo. Eso mismo experimenté anoche. Quería repetir la travesura de meterme en tus sueños para despertarte y no me salió. O si me salió, no me acuerdo. Me he despertado con el insípido recuerdo de no haber soñado nada. Aunque ya sabemos que nunca es así.

Creo que me has cerrado la puerta porque tienes miedo a que lo haga de nuevo. La verdad es que fui muy maleducada; eso de colarme en tu sueño por las buenas, sin avisarte, está mal. Y menos mal que sólo estabas comiendo en aquel lujoso comedor y que no tiré la mesa con el coche. Y eso que conducía bastante bien para no tener carné en el mundo real.

Me inspiré en el libro que estoy leyendo. En una escena el protagonista entra en los sueños de su hermana y ésta le reprende por ello. Me imaginé de nuevo aquella escena antes de dormir y aquello me llevó a imaginarme qué pasaría si yo hiciera igual. Sé que no tenía que haberlo hecho. Pensé en ello como la clásica broma que no estás dispuesto a hacer porque te faltan medios. Y al final me salió.

Los sueños son tan peligrosos como los deseos. De hecho, mucho de ellos son deseos que necesitan agazaparse tras el subconsciente. Si se asomaran a nuestra conciencia, nos harían sentir culpables, a pesar de que sabemos que no son voluntarios. Por eso existe la noche, para que salgan libres y se diluyan en películas incomprensibles de lógica desordenada. Y tú tienes miedo de lo que pueda hacer en ellos. No te culpo por ello. De hecho, ni yo misma sé lo que haría, y eso me da miedo. A la mañana siguiente trataría de justificarme, y no confiarías del todo en la máxima “los sueños, sueños son”.

Pero puedes estar tranquilo.

A medida que los párpados caen, llamo a tu puerta. No pienso dormir, porque quiero que mi consciencia dirija cada uno de mis actos y así luego puedo guardarlos en precisas fotografías para mi memoria. Sabes que no te haría ningún daño, así que déjame entrar. Sé que estoy aquí porque me has llamado y yo he acudido, porque nos echamos tanto de menos que otro abrazo se ha convertido en una urgencia.

Sé que quieres. Y yo también. Ambos sabemos que la voluntad es el motor de la magia.


Mun, the Dreaming Doll

Fotografía: Dream on, de Asiy

martes, octubre 27, 2009

Magia

Creía que se quedaba aplastada entre las páginas de mis libros,
que moría con el “OFF” de mi reproductor,
y que se escondía detrás de la pantalla
cuando encendían las luces.

Nunca me dijiste que la robabas tú
y la esparcías con disimulo bajo la almohada
para que me envolviera la cabeza
y escribir cada día unas líneas
en nuestro cuento de hadas.


Mun, the Haunted Doll

Fotografía: Magic, de Stardixa

martes, octubre 20, 2009

Un año de palabras... y emociones

Un día me presentaron a Nachob y éste decidió que le caí lo bastante bien como para regalarme un tesoro. Este tesoro consiste en varios tesoros que Nachob fue construyendo durante un año y que os invito a descubrir.

José Ignacio Becerril Polo es un artista íntegro. Entiende la literatura como un placer compartido entre el escritor y el lector. Él nos cuenta cuentos, con su estilo preciosista de meterte bajo la piel cada momento y sensación de la narración, sin caer en abundantes descripciones. Y el lector participa en los cuentos completándolos con su imaginación.

La temática de los cuentos es muy diversa; hay fantasía, terror y ciencia ficción. Relatos largos, cortos y sagas. Y todos ellos son tan únicos que merecerían una reseña personal. Pero, ¿para qué os voy a contar los cuentos de Nachob, pudiéndolos descubrir vosotros mismos?

Si os queréis hacer con Un año de palabras, pedídselo al propio Nachob en nacnoe@hotmail.com

miércoles, septiembre 30, 2009

Cómo actuar si un elefante invade la habitación

1. Tápese los ojos.
2. Tápese los oídos.
3. Tápese la boca.

El elefante dejará de estar en la habitación. Incluso cuando usted se vea aplastado por las patas.


Mun, la Muñeca que expulsa Elefantes de su cuarto.

Fotografía: Elephant in the room upstairs, de Fahrmboy.

viernes, septiembre 25, 2009

El día que perdí la voz

“Migraremos a Saturno, tal vez en sus anillos esté la voz que te han robado”.

Fue un susurro que aún no puedo decir si fue real o no, porque lo oí mientras despertaba, así que no sé si formaba parte del sueño o no. Ambas posibilidades son válidas, porque recuerdo que soñé que salía al espacio (sin escafandra) a cazar marcianos fugitivos, y alguno muy pillo pudo haberme robado la voz. El autor del susurro también pudo haber sido mi despertador. Cada mañana me saca de la cama con una idea de ese estilo.

Intento preguntarle si sabe cuál es el camino más corto a Saturno, pero sólo consigo emitir un débil gruñido. Lo intento por segunda vez, con el mismo resultado. Finalmente, trato de pronunciar un sencillo “hola”, y sólo sale algo parecido a un trueno falto de decibelios.

Tal vez es cierto que me han robado la voz.

A veces una sale por ahí y en lugar de dejarse el paraguas o el abrigo en casa ajena, se deja la voz. Lo lógico sería llamar a los amigos con los que estuve, para ver si se la han encontrado en su casa y, en ese caso, si no la han tirado a la basura. ¿Pero cómo llamarles si no puedo hablar con ellos? Claro que puedo ir a visitarles, pero me he levantado con una orquesta que usa mi cerebro como batería, y no hay manera de hacerles entender que su función ya acabó.

Entonces pienso que si recupero mi voz, tal vez pueda convencer a los músicos de que se vayan. Se trata de hacer el pequeño sacrificio de meterme en la ducha, vestirme, desayunar y salir a la calle. Con ellos. Pero si se trata de mi voz, cualquier sacrificio es válido.

El primer paso es recordar dónde estuve anoche, pero es complicado. La orquesta está obstruyendo el paso a mis recuerdos. Los aparto a gráciles empujones y consigo llegar a la sala. Creo que he pisado un cable y he desconectado un amplificador, porque el bajista me mira mal. Me disculpo juntando ambas manos delante mío cual mantis religiosa y entro. Es un bar irlandés al que suelo ir con mis amigos cuando la imaginación se siente demasiado perezosa diseñar un plan atractivo. Sin embargo, alguien ha pasado una goma de borrar encima, porque las mesas, las sillas y la barra se ven difuminadas. Aunque tal vez sea el humo o que me haya olvidado de ponerme las gafas. Como seguramente sea esto último, decido volver a mi habitación, y esta vez los músicos me dejan paso, resignados.

Las gafas están donde siempre, en mi mesilla, sin funda ni nada. Tienen cristales líquidos, porque las lágrimas no acaban de limpiarse bien en ellos, aunque eso ayuda a que no se ensucien tanto. Cuando me las pongo, recuerdo que las tengo que poner del revés para no ver el mundo en escala de rojos y naranjas. Vuelvo a a la sala de los recuerdos. Esta vez, la orquesta resopla porque estoy pisando las notas desafinadas del suelo. Quiero decirles que luego hablamos, pero luego se lo diré. Hay que volver al bar.

Suele ser un bar tan lleno que la gente se sienta una encima de otra. Ir a caballo es lo más común. Pero ahora está todo en escala de marrones y sólo hay una bola de paja sentada en la barra. El camarero hace un castillo de palillos de madera mientras escucha las penas de la bola sobre su amor perdido, un vaquero autista que robó las sandalias de Hermes y le dejó para conquistar nubes sin lluvia. El camarero parece interesado y lo escucha con orejeras de elefante. Me siento al lado de la bola de paja, le robo la botella vacía de cerveza de Trigo Compasivo y escribo sobre la mesa, usando los restos de espuma como tinta. Siempre será más cívico que escribir con la navaja.

¿HAS
VISTO
MI VOZ?

“¿Dónde está el camino a tu garganta? Me ahogo...”

Habla un vaso desde el fregadero, que está haciendo equilibrios entre espuma y otros vasos. El camarero suspira y le llena de más agua hasta que rebosa y enjuaga los demás vasos, que suspiran aliviados. Abro la boca y emito maullidos desesperados.
-Fcreo fque fquiere fun fvaso fde fagua -sugiere la bola de paja.
El camarero saca el vaso parlante del fregadero y lo aplasta sobre la barra para que se calle. Sin embargo, sólo se queja con un “ay”. Lo acaricio para reconfortarlo y me lo voy a llevar a la boca cuando el camarero me pregunta qué quieren mis amigos y si lo pagarán con una canción. Le saco una señal de “stop -vuelvo en cinco minutos” y agoto el vaso apenas sin respirar. Noto algo en el fondo, como una pelota, áspero. Antes de tener tiempo a escupirlo, me lo trago. Sabe a cadena.
-Ellos quieren cerveza. A lo mejor se dejan los instrumentos en el fondo de los vasos y terminan la función.
Por fin. La he encontrado. Pensaba que iba a ser más difícil. Por fin puedo explicar esta aventura sin usar el papel.

Me emociono tanto que lloro. Las lágrimas salen abundantes y es una herida que no coagula, sino que forma una balsa que me arrastra fuera del bar, de la sala. Las olas me mecen, me vuelcan, me envuelven y no tengo miedo, como en aquella playa atlántica en la que casi me ahogo de pequeña. El agua es una nana en la que me quedo dormida.

Hoy he despertado en un anillo de Saturno. Y he hablado con el resto de planetas.


Mun, la Muñeca Cuentacuentos

Dedicado a Niobiña, porque ella lo inspiró.

Fotografía: The Voice of Seduction, de Ben Heine

jueves, septiembre 24, 2009

Mi nuevo proyecto

Desde hace poco más de un mes soy colaboradora de Deprisa, un blog literario en un mundo donde la gente tiene poco tiempo para leer. Dicho blog ha quedado primero en la categoría de Cultura en los Premios 20Blogs. Ahora trata de hacerse un hueco en los Premios Bitácora. Si al igual que yo consideráis que este blog merece ganar (y no sólo lo considero por formar parte del equipo), ya sabéis lo que tenéis que hacer.

(Y sí, pronto habrá más Nebuloso y lo que no es Nebuloso)

Mun

viernes, septiembre 18, 2009

Cambio


Cambio
teclados frenéticos,
teléfonos insistentes,
monóxido de metro,
y despertares obligados

por el suave murmullo de las hojas
que se quejan bajo mis pasos
por estrellas impúdicas,
sin nubes viciadas,
por un bosque cuyas fauces
ya no me den miedo.


Mun, the Nostalgic Doll

Foto: Un bosque en Loiba (Galicia)

domingo, agosto 02, 2009

Una compañía molesta (remodelado)

Este es mi último post antes de vacaciones. Me voy a desenchufar del mundo un rato y volveré enchufando a Nebuloso, que también necesita descansar. Este relato, "Una compañía molesta", participa en la categoría de Terror de Monstruos de la Razón. Los que sufráis un Dejà Vu es porque leísteis este relato hace un tiempo.


¡Hey, hola! ¿Qué pasa? Qué pronto has llegado, ¿no? ¿No me dijiste que te ibas al cumple ése del compañero de la uni? ¿Tan mal fue? Bueno, te podrías haber ido con tu niña o algo, me habrías llamado y os dejo el piso para los dos, que ya sabes que no me enfado por esas cosas. Yo a mi bola, como siempre... Por cierto, ¿cómo es que no has avisado? Siempre lo haces... Que no es que me importe, pero no sé... Yo también me subo aquí a mis ligues, más que nada, y no es plan de que me pilles aquí... Oye, ¿qué te pasa? ¿Por qué no dices nada? Vaya cara tienes, blanca, blanca, blanca... ¿Tú has cenado algo?...

Ah... esto... Bueno, no es para tanto, sólo que yo...

Joder, macho, mira que sabía que iba a pasar esto. Es que no se puede tener una convivencia normal. ¡Pues haberlo puesto en el anuncio, tío! ¡Yo qué sabía! Buscabas un chico no fumador y responsable, ¿no? Pues ya está. Además, cada mes te pago el aquiler, como un reloj. ¿Y cuándo te he molestado? Será que no te he dejado dormir, ¿eh, eh? ¿Qué problema tienes, tronco? ¿Ahora me tienes miedo? Joder, si cuando vine no parecía caerte tan mal, ¿no? ¿Qué pasa? ¿Que no te lo esperabas? ¿Tenía que venir vestidito de negro para que te dieras cuenta? Tú has leído demasiadas tonterías, macho. Que no, que no somos así, nene. Métetelo en la cabecita.

Oye, oye, tranquilito, que en cuanto termine me largo. Y hasta te lo dejaré todo limpito, como al niño le gusta. Y que sepas que la culpa es tuya por pasar sin llamar. ¿Es que te hecho eso alguna vez yo? Ah, ya, piensas que iba a por ti, ¿no? ¡Jajajajajajaja! Madre mía, lo que hay que oír... ¡Que no, tío, que no me gustas! A ver si te queda claro ahora. ¿Pero tú te has visto? Por tan poca cosa como tú no me despeino. Por tu novia, aún. Pero por ser colegas te la habría respetado y todo.

Qué decepción, tronco, de verdad. Me has decepcionado más tú a mí que yo a ti. A ti que te va tanto nuestro rollo, pensaba que nos íbamos a llevar bien, pero ni eso. Será que vosotros os creéis superiores, la historia de siempre. Joder... cada uno se alimenta de lo suyo, ¿no? Si hasta mejor para ti, menos gastos, ¿no? Bueno, bueno, que si te me vas a poner con el dramón me largo y aquí no ha pasado nada, ¿vale? Venga, no empieces. Tampoco te lo he dejado muy guarro, ¿no? No me gusta ensuciar, ya te lo dije. Además, ya te he dicho que antes de irme te lo limpiaba. ¡Pero, hombre! Si te me pones así, ¿qué quieres que haga, eh? ¿Qué quieres que haga? Venga, va, ya está. Me llevo al tío y limpias tú, que a este paso te va dar algo si me quedo más rato aquí.

Joder, lo que hay que aguantar, macho...

Ah, y deja la crucecita. No me seas ridículo encima. Nosotros existimos antes que el cristianismo.


Mun, the Vampire Doll

Fotogrfía: Blood Chalice, de Infernalord

jueves, julio 30, 2009

Bombilla (remodelado)

“Cuando al día siguiente salí a cubierta, el aspecto de la isla había cambiado por completo…” fue lo único que leí antes de lanzar tu libro preferido a la hoguera de San Juan que preparé en el jardín. Lo siento. No pude seguir.

Era lo último que quedaba de tu biblioteca. Perdona, lo tiré todo. Tu ropa. Tus cuadernos con tus poemas y tus dibujos. Las cosas inservibles que guardabas en los cajones y que siempre te negaste a tirar “porque nunca se sabe cuándo las puedes necesitar”. También me deshice de todos los regalos que me hiciste. Y de tus fotos.

Lo único que hacían era clavarme tu ausencia más adentro.

Otros prefieren conservar los recuerdos y negar que aquel ser querido se ha ido para siempre, pero sabes que la aceptación de las verdades es la terapia más eficaz para mí. Por eso, con el dolor de quien se amputa un miembro, quemé todo objeto que tuviera relación contigo. Y así me vendé los sentidos durante este último año. Hasta ahora me ha venido muy bien.

Entonces, la semana pasada, me di cuenta de que me olvidé de la bombilla de la habitación. Ésa que tú misma compraste y colocaste.

Me acordé de ella cuando se fundió, del mismo modo que me acordé (aún más) de ti el día que te apagaste.

Sabía que si lo dejaba pasar (como suele pasarme con el resto de problemas), iba a hacerme daño. Aquella bombilla seguiría encendida en mi cabeza, brillando cada vez más intensa, hasta cegar todo mi mundo. Hasta asesinarme en su explosión. Como tú.

Para evitar pensar mucho en ello, cogí la escalera y me subí a desenroscar la bombilla, con tal mala pata que se me cayó al suelo. Y no hizo ruido de cristales rotos, sino de tu risa de niña. Cuando me bajé, vi entre los cristales un puñado de polvo dorado esparcido. Intenté recogerlo con las manos desnudas, pero sólo conseguía absorberlo con la piel.

Me provocaba una sensación de calidez extraña, como una brisa de aire caliente que me atravesaba la carne, se mezclaba con mi sangre y me trepaba por las venas hasta el corazón. Y, al llegar allí, sentí que éste se me inflaba tanto que temí que no me cupiera en el cuerpo y estallara.

Y no recuerdo más. Me desmayé.

Es irónico. Desde entonces me cuesta respirar, a pesar de que tengo la sensación de aspirar y expirar grandes bocanadas, como si tuviera cuatro pulmones. También me cuesta oír mis propios pensamientos, que se solapan con los tuyos. En ocasiones me da un arrebato de risa, y eso que no he vuelto a reír desde aquel día. Y, a veces, cuando hablo, me sale tu voz. Pero no es una imitación, es como si me hubiera tragado una cinta con ella y mi garganta la reprodujera. Hoy me han preguntado el nombre, y he dicho el tuyo. No entiendo por qué me han mirado así.

Los médicos lo llaman esquizofrenia, pero yo no estoy enfermo.

Tal vez vaya siendo hora de aceptar que aún vives. En mí.


Mun Light Doll

Fotografía: Bulb 3, de Albert Mikko Ranola

Los que hayáis sufrido un dejà vu al leer este relato, es porque ya lo habíais leído antes.